sábado, 4 de julio de 2015

In memoriam, C.N.S.


Cómo esta mujer halló el coraje, cómo consiguió hacerse
del coraje, Henry se entretenía en una frenética caliente
noche del ocho de julio,
¿de dónde provino, dirigió el Señor alguna vez la mirada
sobre su antigua cuna pensando ´Esta va a
compensar antes de morir

por setenta y dos años de menudas indignidades
al menos´, y con su trueno cerró una promesa?
En ese pueblo alejado
quién ojos ponía en mi madre con vergüenza & rabia
de que nadie debería soportar tal clase de peregrinaje,
rezongaba Henry sudando, hecho hombre

pero no hecho a la bondad de esta mujer en
su gran fuerza, su esperanza sobrehumana,
no, no, no hecho, de ninguna forma.
Proclamo un misterio, farfullaba para sí,
de amor, y cogió el bourbon de la repisa
Y tomó por ella uno rebosante, rebosante. 





John Barryman, Dream Song 100
(Trad. Roberto Zeballos)


Ayer, por la noche, llovió...

jueves, 2 de julio de 2015

Reflejo



En la cama desnuda, en la caverna de Platón,
Reflejos de faros se deslizaban lentamente sobre la pared,
Unos carpinteros martilleaban bajo la ventana en sombra,
El viento sacudió durante toda la noche sus cortinas corridas,
Una flota de camiones esforzadamente trepó por la colina, 
Con su cargamento cubierto, como es usual.
El techo se iluminó otra vez, el diagrama inclinado se deslizó
Lento hacia delante.
Escuchando el claqueo del lechero,
Su penoso ascenso por la escalera, el golpear de la botella,
Me levanté de la cama, encendí un cigarrillo,
Y caminé hacia la ventana. La calle empedrada
Exponía la tranquilidad en que descansan los edificios,
La vigilia del farol callejero, la paciencia del caballo. 
El limpio capitel del cielo invernal
Me hizo volver a la cama con los ojos extenuados.

La extrañeza crecía en el aire inmóvil. La floja membrana
Se hizo gris. Carros traqueteantes, cascadas de equinos cascos,
Resonaban a lo lejos, aumentando, más sonoros y cercanos.
Un automóvil tosió al arrancar. La mañana de forma suave
Disolvía el aire, levantaba la silla medio tapada
Desde debajo de las aguas, encendía el espejo,
Distinguía el tocador y la blanca pared.
El pájaro llamaba tentativamente, silbaba, llamaba,
Parloteaba y silbaba, ¡así! Perplejo, aún húmedo
De sueño, afectuoso, hambriento y frío. Así, así,
Oh hijo de hombre, la noche que no sabe, el ajetreo
De temprano por la mañana, el misterio de comenzar
Una vez y otra,
Mientras la historia queda sin perdonar.  



(Delmore Schwartz)

Foto: art.collegefaubert.fr

jueves, 18 de junio de 2015

Pasión









Si era esto lo que querías, no debiste haber
al mundo de unas entrañas de mujer venido;
Del monte a los Salvadores se les ha de traer,
de donde lo duro de la dureza es extraído.

¿No te apena haber dejado a tu valle amado
así de devastado? Mira mi flaqueza; nada más
arroyos de leche y lágrimas me ha quedado,
pero tú siempre me dejabas tan atrás.

Con tanta pompa me fuiste anunciado.
¿No debiste ya un salvaje salir de mi interior?
Si lo que buscabas era por fieras verte destrozado,
por qué en la escuela doméstica me enseñaron

a tejer suaves, pulcros vestidos para ti
en los que nunca, ni la más pequeña vuelta
de una costura te dañara… Fue siempre así
mi vida, ahora tú de pronto la revuelcas.






Rilke, Das Marien Leben (Vor der Passion)
Trad.: Roberto Zeballos

martes, 9 de junio de 2015

Un día


¡Oh mundo, no te puedo retener lo suficientemente cerca!

¡Tus vientos, tus extensos cielos grises!

¡Tus nieblas que se expanden y levantan!

¡Tus bosques, este día de otoño, que sufre y se viene abajo

Y todo menos se desgañita a colores! A este desgarbado risco,

Hay que aplastarlo. ¡Levantar la inclinación de aquel negro farallón!

¡Mundo, mundo, no te puede retener lo suficientemente cerca!

Siempre he sabido del esplendor que hay en todo,   

Pero de esto nunca;

Hay aquí tanta pasión

Que me desmiembra. Señor, temo que

Hayas hecho al mundo demasiado bello este año.

Mi alma está en cualquier parte menos fuera de mí, no dejes

Caer una hoja muerta; te pido, no dejes cantar a ningún pájaro. 



Edna St. Vincent Millay
Imagen: http://www.kenelliott.com/oils.htm

jueves, 28 de mayo de 2015

Dos poemas




No te dé pena que la luz del día

Al final del día no más recorra el cielo;

No te dé pena que la belleza se haya ido

Del campo y la maleza al pasar el año;

No te dé pena el menguar de la luna,

Ni que la marea repliegue hacia el mar,

Ni que el deseo de un hombre tan pronto se consuma,

Y que ya no me veas con ojos de amor.

Esto siempre lo he sabido: el amor no es más

Que las anchas floraciones que el viento asalta,

Que la gran marea que remoja la inestable orilla,

Esparciendo frescos expolios juntados en la tormenta.

Que te apene que el corazón sea tardo en aprender 

Lo que la mente ágil observa a cada rato. 





(Edna St. Vincent Millay)





No tienes que ser buena.


No tienes que andar de rodillas

Por cientos de millas a través del desierto, lamentándote.

Sólo tienes que dejar al muelle animal de tu cuerpo

amar lo que ama.

Cuéntame de la desesperación, de la tuya, y te hablaré de la mía.

Entretanto el mundo sigue adelante.

Entretanto el sol y los claros guijarros de la lluvia

se mueven a través de los paisajes,

sobre las praderas y los profundos árboles,

las montañas y los ríos.

Entretanto los gansos salvajes, altos en el limpio aire azul,

se dirigen a casa otra vez.


Quien quiera que seas, no importa cuán sola,

el mundo se ofrece a tu imaginación,
te llama como a los gansos salvajes, rudo y excitante…
una y otra vez proclamando tu lugar
en la familia de las cosas. 




(Mary Oliver)


Foto: Juan Pablo Torres Muñiz

martes, 12 de mayo de 2015

Tan lejos






Es mi hora almorzar, así que me voy

a caminar entre el color de murmullo

de los taxis. Primero, bajando por la acera

donde los obreros ceban sus torsos sucios

resplandecientes con sándwiches

y Coca-Cola, los cascos amarillos

puestos. Se protegen de la caída de

ladrillos, supongo. Luego hacia la

avenida donde faldas revuelan

por encima de tacones y se abultan sobre

las rejillas. El sol es candente, pero

los taxis agitan el aire. Busco ofertas

entre relojes de pulsera. Hay unos

gatos jugando entre aserrín.

                                           Sigo

hasta Times Square, donde el anuncio

esparce humo sobre mi cabeza, y más arriba


la cascada se derrama suavemente. Un

hombre negro parado en un portal con un

mondadientes, rascando lánguidamente.

Una bailarina rubia lo distrae: él

sonríe y se frota la quijada. Todo 

de pronto proclama: son las 12:40 de

un jueves.

                     La luz de neón en el día es un

gran placer, como Edwin Denby lo pondría

por escrito, como son las bombillas en pleno día.

Me detengo por una hamburguesa en JULIET´S

CORNER.  Giulietta Masina, esposa de 
  
Federico Fellini, è bell’ attrice.

Y malteada de chocolate. Una dama en una piel

de zorro en un día como éste asegura a su poodle

en un taxi.      
             
                Hay muchos puertorriqueños

hoy en la avenida, lo cual la

vuelve bonita y cálida. Primero

Bunny murió, luego  John Latouche,

luego Jackson Pollock. Pero, ¿está la

tierra tan llena como lo estaba la vida, de ellos? 

Ya uno ha comido, se pone a caminar

a lo largo de las revistas con desnudos

y pósteres de CORRIDAS TAURINAS y

del Manhattan Storage Warehouse, 

que pronto demolerán. Solía

creer que el Armory Show tenía

lugar allí.

              Un vaso de jugo de papaya

y de regreso al trabajo. Mi corazón está en

mi bolsillo, es Poemas de Pierre Reverdy.    





A Step Away from Them, Frank O´Hara 


lunes, 4 de mayo de 2015

Sincronía




Leí en alguna parte

que si los peatones no quebrantaran las leyes de tránsito para cruzar

Times Square cuando sea y por cualquier medio posible,

        la ciudad toda

pararía, se pararía.

Los autos se amontonarían hasta Rhode Island,

una épica malla tupida que ni siquiera un gato

podría enhebrar. No es la ley sino el esparcirse

de nuestras distintas voluntades lo que nos hace fluir. Hoy amé tanto

el descaro sin precedentes

de unos cargadores de pianos, aupando a un grandioso bebé bien

amarrado en la Novena Avenida antes de una tormenta. 

Eran un par hosco y vigoroso, cínicos

como cualquier jornalero. Sabían lo que se avecinaba,

el instrumento laqueado en blanco, el cielo negro henchido

como un mal globo de agua y en un instante de aguja

explotó. Una ducha como manguera de bombero,

durante algunos latidos, todo la ciudad se paró,

pausó, el golpe de un corazón, y luego todo continuó en staccato.    

Y fue un gozo ser testigo no de un

milagro cualquiera: en un solo instante todas las negras

sombrillas en Hell’s Kitchen se abrieron como a una voz, todo el mundo

aún en movimiento. Fue una escena sacada de una ópera no escrita,

la zarpa de una vasta armada.

Y cuatro damas interrumpieron su propio lento caminar

para acompañar a los cargadores del piano, 

cada una sosteniendo lo que alguna vez habían sido

parasoles de encaje por sobre el refunfuño de los hombres. Pasé

por el corrito de ballerinas en pastel acurrucadas

bajo la marquesina de la vuelta

en fila para una convocatoria abierta… extremidades de cigüeña, talones

zigzagueados de lacitos, algunas pasándose un cigarrillo encendido

entre sí. La ciudad vive de la belleza, muere de hambre

por ella, la cría. Viniendo a casa después de medianoche,

a mi barrio desierto con su famosa excesiva

estadística de ratas en el subterráneo, oí a un tenor exhalar puro

anhelo a través de los cañones de ladrillo, la luna humeante

abrió su boca para beber desde allí arriba…



A Perfect Mess, Mary Karr