lunes, 29 de diciembre de 2008

Theft (Peter Carey)


Como su título sugiere, el crimen y el romance son los ejes temáticos de esta narración; lo que los vincula es el arte. Michael Boone, el protagonista, es un pintor proveniente del pueblo australiano de Bacchus Marsh (Victoria) que se encuentra entrampado en las secuelas de su divorcio y la pérdida de vigencia de su obra artística.


Conoce en su provisional refugio de New South Wales a Marlene, una joven que lo va a conducir poco a poco al lado más oscuro de gran mundo (al que él desea pertenecer) de las galerías y los coleccionistas internacionales de pintura: el latrocinio, el uso indebido del droit moral y la falsificación de obras de arte.


Michael Boone es un artista llano, visceral, obsesivo y fiel a sus temas personales. Su técnica, tal como se la describe en la novela, raya en lo extravagante y ofensivo. El lenguaje empleado en la narración intenta reflejar el estilo de Boone: frases irregulares y grotescas en las que se suceden expresiones de grueso calibre, coloquialismos y descripciones vulgares. Pero el resultado es una obra intensa, ácida y procaz y, al mismo tiempo, suficientemente emotiva para transmitir con fidelidad el drama personal del protagonista.


En efecto, al mismo tiempo que presentar una historia negra, el autor ha buscado en esta novela referirse a los padecimientos de un artista que ha crecido en un lugar periférico como Bacchus Marsh (de cual es originario el mismo Carey) donde su vocación no encuentra estímulo suficiente para crecer y del cual debe escapar a cualquier costo, incluso el de enemistarse con su familia, a fin de no traicionarse a sí mismo.


Es este afán por hacerse un lugar en la historia del arte moderno lo que constituye el verdadero motor de la trama, lo que lleva a su protagonista a involucrase sin remilgos en las actividades de una delincuente sin escrúpulos.

jueves, 6 de noviembre de 2008

La hermana (Sándor Márai)


Desde “El último encuentro”, la aparición de una “nueva” novela del escritor húngaro Sándor Márai en nuestro medio atrae la atención del público lector.


En la que ahora nos toca comentar, el protagonista es un hombre al que se le identifica únicamente como “Z.”, un pianista centroeuropeo a quien el narrador conoce durante unos días de invierno, en plena Segunda Guerra Mundial, en un antiguo hotel ubicado en las montañas de un país al que nunca se nombra.
A medida que pasan los días sin que el mal tiempo les permita alejarse de su temporal refugio, ambos personajes logran intimar y Z. revela a su interlocutor que una enfermedad padecida tiempo atrás fue lo que le incapacitó para proseguir su carrera de concertista. Al mismo tiempo, con ocasión de un particular suceso del que ambos son testigos involuntarios, alude a algunas certezas sobre el destino humano que dicha enfermedad le ha permitido conocer.


Meses después, tras el fallecimiento de Z., el narrador recibe en calidad de legado un manuscrito (cuya trascripción conforma la segunda mitad de la obra) en el que el pianista ha descrito su experiencia como paciente en el sanatorio donde se curó, su trato con los dos médicos y las cuatro religiosas que lo atendieron como enfermeras y, sobretodo, el cambio que la experiencia de la enfermedad operó durante aquellos días en su interior.


Como en sus obras anteriormente publicadas en español, es el intento que llevan a cabo los personajes –mujeres y hombres que han dejado atrás ya la mayor parte de sus vidas– de comprender las motivaciones que han guiado sus decisiones y orientado sus existencias lo que constituye el centro de la narración. Su atractivo para el lector actual radica quizá en la gravedad y preocupación que alienta en esta voluntad introspectiva, propia de épocas menos irreflexivas y apresuradas que la nuestra, así como la perplejidad que produce la visión del mundo que estos personajes comparten, casi extinguida por completo en la cultura occidental.

martes, 21 de octubre de 2008

The Beginning of Spring (Penelope Fitzgerald)



Más conocida por sus novelas Offshore (Premio Booker 1979) y The Blue Flower (1995), la recientemente fallecida narradora británica Penelope Fitzgerald publicó en el año 1988 la obra que ahora comentamos.


En ella su autora nos sitúa en la antigua ciudad de Moscú, durante el año 1913, poco antes del inicio de la Revolución Rusa. Frank Reid, hijo de un emigrante inglés y propietario de una imprenta en la vieja capital, presiente el fin de una época. Las nuevas tecnologías han vuelto obsoletos los viejos métodos de impresión a mano que él aún practica. Percibe que el Gobierno, en contraste con sus propios sentimientos personales, lo considera por su origen un inversionista “extranjero”. Pero lo que más turbación le provoca es el hecho de que su esposa inglesa lo ha abandonado repentinamente, dejándole a sus tres hijos a su cargo.


El largo invierno de Reid es descrito con lírica sobriedad, sin concesiones al dramatismo o una desmedida introspección psicológica. Quizás ello está en armonía con la propia personalidad del protagonista, quien pese al aturdimiento que lo atenaza demuestra el temple necesario para dirigir su casa y su negocio, haciendo frente a sus obligaciones, con serena y elegante firmeza. Es atractiva, por otro lado, la recreación de la vida cotidiana de un lugar y una época que la autora no conoció personalmente y que sabe presentar sin cansinas demostraciones de erudición histórica, a través de interesantes personajes secundarios.


En esta novela, detrás de la narración de sucesos ordinarios y sin aparentes consecuencias, lo que hay es una intimación hacia otra realidad menos material, el apunte de una reflexión sobre el carácter humano que el lector atento podrá completar por sí mismo al alcanzar el final de la historia, al “comienzo la primavera”, cuando queden resueltos los enigmas que abruman al impresor Reid.

martes, 16 de septiembre de 2008

Atonement (Ian McEwan)










El remordimiento y el deseo de reparación son el motivo central de la que es considerada, hasta ahora, la mejor novela del escritor inglés Ian McEwan. Si bien el tema no es novedoso, el peculiar tratamiento que de él hace su autor confiere a esta obra un encanto peculiar.







El suceso narrado en la prolongada parte inicial –casi 200 páginas– constituye el punto de quiebre en la vida de los protagonistas, cuyos destinos comienzan a separarse irremediablemente a partir de entonces. Los encontramos cinco años después de aquel suceso, en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, siendo arrastrados por las penosas circunstancias que les tocó vivir a los jóvenes ingleses de aquella generación. Pese a que McEwan ha tratado de reconstruir el ambiente de penurias y sufrimientos que se vivió durante la retirada británica de las costas de Francia en el año 1940 y las experiencias de las enfermeras que atendían a los heridos de guerra en los hospitales londinenses de aquella época, no es tanto la reconstrucción histórica de estos escenarios lo que interesa al autor, como la obsesión del personaje principal –Briony Tallis– por enmendar el error (por llamarlo de alguna manera) que cometió siendo una niña de trece años y expiar una culpa que afectó decisivamente toda su vida.






Quienes hayan estado familiarizados con obras anteriores de McEwan no podrán dejar de notar el interesante cambio de registro en la voz del narrador, pero no será sino hasta el soberbio capítulo final cuando se comprenda en toda su amplitud el sentido que tiene esta narración, momento en que cobrará significado además una reflexión final sobre la interrelación entre ejercicio de la narración literaria y el peso de la conciencia personal.

martes, 26 de agosto de 2008

The Love of a Good Woman (Alice Munro)




Hasta hace poco la escritora canadiense Alice Munro (nacida en 1931) era una desconocida para mí.
*
Las narraciones de este libro condensan admirablemente, dentro de treinta o cuarenta páginas, complejos mundos de relaciones humanas, que abarcan muchas veces amplios periodos cronológicos, involucrando a una interesante diversidad de personajes.

Dueña de un estilo trabajado hasta la perfección, en cada uno de sus párrafos las palabras parecen haber sido elegidas con exquisita sobriedad y precisión connotativa. Gracias a su especial habilidad para escoger y describir ciertos incidentes de aparente normalidad, y plantear situaciones ordinarias pero preñadas de consecuencias y significaciones, en sus historias los gestos o palabras en una conversación, las memorias de un personaje o la sencilla descripción de sus acciones van explicitando, poco a poco, motivaciones y temores secretos, o íntimas frustraciones y decepciones, destinos familiares y transformaciones sociales, diferencias e incomprensiones entre las personas de distintas generaciones y las consecuencias irremediables de decisiones del pasado. Su consumada técnica para construir una historia a partir de distintos puntos de vista y mediante el uso de elipsis temporales y femenina prolijidad para los detalles, involucrar al lector desde la primera línea y tejer una trama emotiva y sugerente hasta la última, hacen de la lectura de estos cuentos una experiencia difícil de olvidar.

El escenario de los relatos que componen este libro son casi siempre pequeñas ciudades y ámbitos rurales del suroeste del Canadá y los protagonistas, mujeres que crecieron en los difíciles años después de la Segunda Guerra o que vivieron sus años de juventud durante la década del setenta, que salieron de un pueblo rural para ser escritoras en la ciudad o que regresan a la casa donde crecieron para escribir una carta de despedida (la traducción es mía) :
“¿Qué si la gente hiciera realmente eso, enviar su amor a través del correo para deshacerse de él? ¿Qué sería aquello que enviarían? Una caja de chocolates con centros como yemas de huevo de pavo. Una muñeca de barro con las órbitas de los ojos vacías. Un montón de rosas sólo un poco más aromáticas que podridas. Un paquete envuelto en sangriento papel periódico que nadie quisiera abrir. Cuídate…”.

viernes, 22 de agosto de 2008

The Sea, the Sea (Iris Murdoch)


Deseoso de dejar atrás los avatares de una existencia centrada en satisfacer sus apetencias personales, Charles Arrowby, un viejo director de teatro, se retira a una casa recién adquirida, a las orillas de un acantilado de la costa británica, para tratar de llevar una vida solitaria y reflexionar sobre sí mismo.
El inesperado encuentro con Hartley, un amor de adolescencia –convertida ahora en la anciana esposa de un hombre tosco y simple– hace revivir en él la experiencia de lo que siempre consideró como su único afecto verdaderamente “inocente”, libre del deseo de autosatisfacción que caracterizó a todas sus pasajeras aventuras amorosas en el mundillo londinense del arte dramático. Una intempestiva obsesión por hacer realidad su antiguo anhelo de unirse para siempre a su amada, resucitando una púber castidad perdida, se apodera de su voluntad sumergiéndolo en un irremediable desasosiego.
En esta voluminosa narración, presentada en la forma de inconstantes anotaciones en un ficticio diario, Iris Murdoch propone una reflexión sobre la sujeción de una personalidad profundamente individualista a la necesidad de apoderarse de o dominar la voluntad y el afecto de otros seres humanos.
Como contrapartida, otro inesperado personaje, que junto a antiguas amantes y hombres del viejo círculo de Charles arriba para importunar su retiro, es el que marca finalmente el rumbo de esta historia. Su primo hermano James Arrowby, a quien unen desde la infancia intrincados sentimientos de envidia y admiración, es un oficial del Ejército que pasó varios años de servicio en el Tibet y se ha convertido en un conocedor de la filosofía budista. La extraña intromisión del célibe y reservado James lleva a que Charles, a su pesar, se sienta intrigado por el misterio que encierra la subyugación voluntaria de las apetencias y afecciones personales, y la consecuente (¿real?) liberación de una ciega causalidad que, con la indolencia del mar, parecer ser lo único que decide el destino de los hombres que no optan durante su vida por una ascesis

Regeneration (Pat Barker)



Siegfried Sassoon fue oficial del ejército británico durante la Primera Guerra Mundial. Como resultado de su experiencia en el frente, en julio de 1917 hizo pública una declaración exigiendo la finalización de la cruenta campaña bélica en el continente por considerar que ésta había perdido su propósito original de “defensa y liberación” y no era otra cosa que una masacre injustificada. A consecuencia de ello, y luego sustraerse a una corte marcial, es internado en una clínica militar para pacientes con traumas de guerra, en la que conoce al Capitán W. H. R. Rivers, siquiatra y antropólogo, con quien inicia su “tratamiento”.
Sobre la base de estos hechos históricos, la novelista e historiadora inglesa Pat Barker construye esta primera entrega de su conocida trilogía sobre las consecuencias psicológicas del combate de trincheras durante la Gran Guerra.
En ella, las reflexiones y los diálogos que sostienen los personajes constituyen su verdadero núcleo de interés. Sassoon y Rivers se debaten entre el cumplimiento de lo que sus circunstancias y su propia formación les reclaman como un deber (la consigna que tiene Rivers es “curar” a los internos para que retornen al frente) y lo que sus inclinaciones intelectuales y afectivas consideran más racional y humano. Las concepciones tradicionales de “hombría” y “madurez”, las relaciones de camaradería y de pareja, la homosexualidad y las desigualdades sociales, dentro de este contexto bélico, son parte de la problemática que envuelve a la especial vinculación de los dos protagonistas y la de éstos con otros pacientes del “Craiglockhart Hospital”.
Con estos últimos Rivers evita aplicar los métodos psiquiátricos entonces en boga (centrados en contrarrestar brutalmente los síntomas físicos de las neurosis), animándoles a superar sus pesadillas hablando sobre ellas, por considerar que en el subconsciente radica la causa fundamental de los males físicos que les impiden retornar al campo de batalla. Al mismo tiempo, toma conciencia de que el terror experimentado por estos soldados ha deformado, en lugar de fortalecer, sus personalidades, al punto de incapacitarlos, no sólo para la lucha, sino para cualquier tipo de vida ordinaria en la sociedad.

La mano en el arado (Ruy de Moura Belo)

LA MANO EN EL ARADO F eliz aquel que administra sabiamente la tristeza y aprende a repartirla entre los días Pueden pasar los meses y los...