domingo, 3 de julio de 2011

The Puttermesser Papers (Cynthia Ozick)




Con el falso subtítulo de "A Novel", este libro reúne cinco relatos breves, anteriormente publicados por separado en revistas norteamericanas, que tienen por protagonista común a Ruth Puttermesser: abogada, judía, racionalista, feminista (sin ser fanática) y servidora pública de la municipalidad de Nueva York; soltera, citadina, glotona, lectora de libros de historia, estudiosa del judaísmo y admiradora de la vida y obra de George Eliot.




Pero esta sucesión de calificativos resulta inconclusa, insuficiente; guidos por la mano maestra de la autora, vamos conociendo mejor a Ruth Puttermesser a través de las situaciones perversas e hilarantes que plantea cada relato. Descubrimos en Puttermesser, pese a su natural escepticismo, a un alma idealista, que no está a gusto en esta época de mediocridad, interés propio y cinismo; ella aspira a reformar la adminstración pública en bien del interés común, a la unión espiritual con un alma gemela, a reencontrarse con el legado de sus antepasados europeos.



Pero su ciudad de Nueva York, de la que nunca se mueve, no le ofrece sino oportunidades de comprobar que ella vive, como el filósofo, mirando las estrellas y con seguras probabilidades de caerse dentro de un pozo. Sus aficiones intelectuales la inclinan hacia los ideales del racionalismo decimonónico o de un judaísmo humanista, que no calzan en un medio en el que pululan simples falsificadores, mentes pseudointelectuales o supersticiosas y funcionarios arribistas.



Un volumen de escritura brillante e inteligente; exigente, breve y cáustica, propia de una escritora culta y perspicaz, que hace de la existencia solitaria y triste de una mujer anacrónica y achacosa la materia literaria de unos relatos entretenidos y aleccionadores.



Más información sobre Cynthia Ozick y otras obras suyas en este blog.




El relato que más me gustó: Puttermesser and the Muscovite Cousin.

domingo, 19 de junio de 2011

Las tres hermanas (Chéjov)

Días atrás, de paso por la capital, tuve oportunidad de asistir a la representación de esta vieja pieza de teatro, para la que, debo confesar, me vine preparando desde hace varios meses con la lectura del texto, en la traducción de Ann Dunnigan (Signet Classics), la única que encontré a mano.




Estas hermanas son tres jovenes huérfanas, pertenecientes a una familia aristócrata de provincias, cultivadas y sensibles, que sienten languidecer sus vidas en el tosco ambiente de la pequeña ciudad donde viven.



En la obra se contrapone el carácter idealista, que aspira a una vida más plenamente humana, de unos personajes, con el de aquellos que han renunciado completamente a este tipo de esperanzas y se resignan a una rutina que se presenta como idiotizante y bárbara. La lectura del texto me dejó un regusto tragicómico, mientras que la representación teatral tuvo un sesgo mucho más dramático, al final un poco exasperante y hasta pesado.




Particularmente, he pensado, a raíz de esta experiencia, en todo aquello que puede llegar a convertirse, para una persona, en una cárcel invisible: la propia crianza, por ejemplo, o las expectativas y las limitaciones que impone una condición social, y lo que en una determinada época se considera como "el saber" y lo que se vislumbra en el futuro como algo menos insatisfactorio que el presente.

Así, la insatisfacción de las tres hermanas de esta obra viene a ser la consecuencia de su particular educación, pero me parece que esa misma educación es la que les imposibilita superar las barreras que -como el bosque figurado de la escenografía, siempre presente- las rodean y apresan. Su aspiración a una vida mejor está lastrada, lamentablemente, por esa sensibilidad cultivada que les lleva a soñar y hablar incansablemente de un futuro en el que desaparecerán las mezquindades e injusticias de la sociedad en que viven, pero para el que no están verdaderamente preparadas, hacia el que no pueden caminar por su propia cuenta, o (peor aún) que excluye completamente su particular modo de vida.




Una de las cosas que uno siente al terminar la obra es que una vida joven y dotada de mucho valor puede ser un desperdicio completo, y que eso puede deberse, paradójicamente, a que las condiciones que propiciaron el cultivo de unas cualidades espirituales conducen al mismo tiempo al hábito de sentirse inconforme y a formular sueños bienintencionados que no serían posibles si antes no desaparecieran esas condiciones sociales o culturales que han hecho posible la existencia y cultivo de aquellas cualidades y aspiraciones.


De hecho, uno se pregunta cuál fue ese mundo mejor con el que finalmente se consuelan, al final de la obra, las tres hermanas, ese mundo que justificaría sus sufrimientos del presente: qué cosa resultó siendo finalmente esa "utopía", en la que el cinismo y el pragmatismo más cruel tomaron el lugar de aquellos ideales decimonónicos de progreso y humanidad.

sábado, 18 de junio de 2011

El idiota





"Para que el cerebro de un idiota se ponga en movimiento, tienen que ocurrirle muchas cosas y muy crueles."










(Después de tantos años, me doy cuenta de que estas palabras se pueden aplicar también a mi vida.)

sábado, 4 de junio de 2011

Brooklyn (Colm Tóibín)

Pese a su título, esta es una novela irlandesa, por sus personajes y por su temática. Centrada en la personalidad de su protagonista, Eilis Lacey, el narrador omnisciente nos muestra, con mano maestra, rincones profundos de la psicología de esta joven que debe, a una temprana edad, alejarse de su ciudad natal y su familia, para buscar un mejor futuro, allende el mar, en la lejana Brooklyn.

Con un ritmo y un orden narrativo clásicos, se presentan los acontecimientos que conducen a Eilis a abandonar dos veces su patria y su hogar, mostrando con acierto, los conflictos internos, el sufrimiento y la dicha que experimenta una mujer inexperta y dubitativa, pero que lucha por ser feliz y, a la vez, coherente con sus creencias religiosas y morales, frente a los hechos de la vida: las diferencias sociales, los ritos del enamoramiento, las expectativas de un entorno colmado de códigos, el afecto por los seres queridos, el deseo de felicidad y el despertar de la vida sexual.






Me ha parecido excepcional la capacidad de su autor para internarse en el rico mundo afectivo femenino, no sólo de la protagonista, sino de todo el entorno familar y laboral, en Irlanda y América, en el que se desarrolla la historia. El afecto entre mujeres, así como sus celos, resentimientos y rivalidades, expuestos a través de verdades nunca dichas o expresadas sólo a medias, constituye parte esencial de esta novela. La presencia de secretos y el miedo a manifestar los sentimientos y las expectativas más íntimas son una carga interior con la que se debaten constantemente los personajes.



Eilis, en cierta manera, se deja arrastrar por los acontecimientos, al tiempo que trata de aprehenderlos e interiorizarlos constantemente; lucha por su independencia y por afirmar su yo, al mismo tiempo que trata de complacer a sus seres queridos y a las personas que tienen autoridad sobre ella, de no herir sus sentimientos u ofenderlos con su conducta. Se muestra finalmente que es imposible sostener permanentemente esta dicotomía. Durante la novela, no son las decisiones o los sentimientos personales de Eilis los que orientan su destino; sobre ella tienen enorme influencia las expectativas y la voluntad de otras personas.




Me ha gustado, por otra parte, la maestría del novelista para describir el entorno social y cultural irlandés, tanto en la isla como en Brooklyn, durante los años ´50 (época en que se desenvuelven los acontecimientos), así como ciertas costumbres y circunstancias que hoy parecen tan lejenas en el tiempo (y que me recuerdan a los años de juventud de mis padres) como, por ejemplo, la novedad que representa para Eilis el "estilo italiano" de llevar la ropa de baño a la playa y la necesidad de cuidar la "figura", antes normalmente cubierta por prendas largas y pudorosas, la discusión acerca de si valdría la pena comprarse un aparato de TV dado que no se sabe si seguirán haciéndose programas de televisión en el futuro, el progresivo aumento de la población negra en Brooklyn (esto es, años antes de la época en que se desarrolla la primera parte de The Fortress of Solitude) y el modo en que funcionaban los primeros grandes almacenes de ropa, entre otros.

Este libro es una pequeña joya que me ha traído momentos de mucho placer mientras he estado reponiéndome de una gripe un poco fuerte. Me ha recordado a dos novelas españolas que leí años atrás: Donde las mujeres, de Álvaro Pombo y Jaque a la dama, de Jesús Fernandez Santos.

En la figura se muestra la tapa de la edición que he tenido en mis manos; la única diferencia es que la mía, un ejemplar de segundo uso, ha perdido la banda amarilla que lleva el título del libro.

lunes, 23 de mayo de 2011

The Final Solution (Michael Chabon)

¿Está en los problemas sin solución -en las pistas falsas, en los casos muertos- el reflejo de la verdadera naturaleza de las cosas? ¿Toda apariencia de significado carece de verdadero o intrínseco sentido? ¿Existe el significado únicamente en la mente del que analiza?


Y, sin embargo, al final todo queda explicado. Pero la solución no se corresponde con la que diseña cada mente humana, por separado, sino que la llegan a encontrar, como de casualidad, en medio de los acontecimientos, quienes siguen, con particular empeño, un instinto de compasión por el otro ser.



Se toma como excusa la trama detectivesca para ilustrar la limitación de la racionalidad de la mente humana como algo individual y aislado; finalmente es la voluntad de varias personas de dotar de un significado humano al sinsentido del mundo (por subsanar la maldad del mundo) lo que termina por desenredar el misterio.





lunes, 9 de mayo de 2011

Dos entre varios libros

De entre todos los libros que he estado leyendo en estas semanas, quiero referirme a dos porque son los que más me han gustado. La promesa del alba tiene el sabor de lo autobiográfico y no parece precisamente una novela sino un pequeño libro de memorias, en el que un escritor maduro se toma la libertad de mirar con ironía y cierta ligereza sus dramáticos años de infancia y juvetud. Pero precisamente este intento de relativizar lo trágico y duro recurriendo a un lenguaje llano y salpicado de humor, a un tono indulgente y despojado de artificios (aunque sea a veces demasiado sentencioso o didáctico, como lo es quien quiera dejar ciertas aforísticas lecciones de vida a la posteriodad) es lo que hace encantador a este volumen.

Es como si el autor nos estuviera diciendo todo el tiempo: No tengo las palabras ni el talento para reflejar vivamente lo que me tocó vivir, así que me pongo a contarlo de la forma más directa y simple, sin sentir vergüenza de "no estar a la altura" de las cosas. Y precisamente, al final del libro me quedé con la impresión de que hay detrás de todas esas páginas un trozo emocionante, duro y profundo de vida, de la vida real de alguien a quien el destino le deparó una intensa biografía, que se logra vislumbrar más allá de las frases escritas, como una inmensa máquina detrás de una cortina, de la que no nos llega más que un ruido algo apagado pero que nos permite hacernos una idea de lo que encontraríamos si pudiéramos descorrer aquella tela. El lenguaje tiene esa calidad de infiel transmisor, pero la fuerza de lo vivido logra abrirse paso (porque no hay artificios que la ahogen) y uno llega a sentir como cercana toda aquella larga aventura de Romain y su madre Nina Kacew.

No está demás decir que es precisamente esta última la que dota de casi toda su fuerza a esta historia, su personalidad es lo que hace "vivo" a este libro, lo que lo dota de una emoción muy fuerte y especial, y en dejarla a ella hablar a través del relato creo que radica lo maravilloso de su lectura. El hablador de Mario Vargas Llosa era una deuda pendiente, sobre todo desde que ganó el Nobel el año pasado. Aquí también hay un solo personaje que da vida a esta novela. Curiosamente no es un personaje "real", vamos a decir así, sino que es una invención de una invención. Como en Historia de Mayta el narrador nos advierte que está inventándose a su protagonista, aunque se trate ahora sólo de la "segunda vida" de Mascarita, porque no sabe nada de esta última (aunque sí de la primera) que resulta lo más interesante de la novela. Porque el relato de las peripecias del narrador y su afán por conocer a los machiguengas y a los "habladores" se queda muy corto al lado de los capítulos en que (de la mano del narrador) Mascarita toma la palabra y cuenta al estilo machiguenga sus historias. En la forma como el autor ha tratado de reconstruir el lenguaje de un hablador, junto con la recopilación de los mitos de este pueblo, está lo mejor del libro. La vida de escritor académico del narrador (trasunto de Vargas Llosa), con sus becas y viajes a Europa (y su perplejidad tan racionalista ante la decisión de su amigo Mascarita), palidece al lado de la del contador de historias que quiere despojarse de su condición de hombre occidental y pertenecer a este grupo errante y sufrido, cuya misión consiste en ayudar a levantarse al sol todos los días y caminar con él, y donde su papel de contador de historias tiene una importancia superior a la del novelista occidental. Para terminar (y ya que la foto de esta entrada, o post, corresponde a Romain y Nina Kacew) copio aquí una cita de El hablador que pertenece precisamente a una de las historias del kenkitsatatsirira y que me dejó una huella interior: "Lo importante es no impacientarse y dejar que lo que tenga que ocurir, ocurra", me respondía. "Si el hombre vive tranquilo, sin impacientarse, tiene tiempo de reflexionar y de recordar", diciendo. Así encontrará su destino, tal vez. Vivirá contento, quizás. Lo aprendido no se le olvidará. Si se impacienta adelantándose al tiempo, el mundo se enturbia parece. Y el hombre cae en una telaraña de barro. Eso es la confusión. Lo peor, dicen. En este mundo y en el alma del hombre que anda. Entonces, no sabe qué hacer, dónde ir. No sabe defenderse tampoco, ¿que haré?, ¿qué he de hacer?, diciendo. Entonces los diablos y los diablillos se entrometen en su vida y juegan con ella. Como los niños haciendo saltar a las ranas jugarán. Los errores se cometen siempre por la confusión, parece.

miércoles, 13 de abril de 2011

Poema pasajero

Cayó en mis manos un librito de poemas y me dejó en recuerdo éste:







Esa increíble infinitud del orbe


no codicio ni un mínimo pedazo


mas si el espacio de tu breve cuerpo


donde ponerme al fin a buen recaudo,


en el profundo de tus mil entrañas,


que enteras conservaste para mí.


Al diablo el albedrío de la vida,


sumo don de los hados celestiales,


y nada más que estar en ti prefiero


sujeto a tu carnal y firme lazo,


que si vas a las últimas estrellas


contigo ir paso a paso yo también.


Es así el vivir día y noche siempre


bien atado a ti con el carnal nudo,


aunque en verdad del todo libremente,


pues de la tierra al cielo voy y vengo.




(C. G. Belli: Nudo, 1986)