sábado, 25 de febrero de 2017

Limones



Desolados limones, contengan
bien, en su cuenco de barro,
la luz en su amarga pulpa,


que un resplandor amarillo
sea toda su armadura
este domingo desnudo;

que su luz indoblegable
rebote contra escudos de manzanas,
tan reales que se antojen de cera,

y compartan su agrio silencio
con la evocación que esta mujer
hace de los domingos de otro fruto,

hasta que formen, concentración mediante,
falanges con yelmo
preparadas para lo que venga,

hexagonales ciudades donde murieron abejas
en aras nada más de la dulzura,
que sus lámparas sean las últimas

en encenderse sobre esta barnizada mesa
el presente domingo, que demanda
algo más que la fe de los cirios,

algo más que conquistadores con yelmo
muriendo como abejas, que multiplican
los recuerdos en la rubia cabeza de ella;

mientras la tarde se vuelve borroso
añil, que sus lámparas
retengan, en este cuenco de barro

anocheciendo, vida aún, pero una vida
más allá de las lágrimas o las alegrías
del sereno, la alegre, neónica humedad

del crepúsculo que desdibuja
la figura de esta mujer recostada,
un limón, una lámpara sin fuego.

Derek Walcott (Traducción de José Luis Rivas De: “Uvas de la playa”. Recogido en la antología “Pleno verano – Poesía selecta”. Vaso Roto Ediciones 2012). 


“Sunday Lemons”

Desolate lemons, hold
tight, in your bowl of earth,
the light to your bitter flesh,

let a lemon glare
be all your armour
this naked Sunday,

your inflexible light
bounce off the shields of apples
so real they seem waxen,

share your acid silence
with this woman’s remembering
Sundays of other fruit,

till by concentration
you grow, a phalanx of helmets
braced for anything,

hexagonal cities where bees
died purely for sweetness,
your lamps be the last to go

on this polished table
this Sunday, which demads
more than the faith of candles

than helmeted conquistadors
dying like bees, multiplying
memories in her golden head;

as the afternoon vagues
into indigo, let your lamps
hold in this darkening earth

bowl, still life, but a life
beyond tears or the gaieties
of dew, the gay, neon damp

of evening that blurs
the form of this woman lying,
a lemon, a flameless lamp.

Derek Walcott “Sea grapes” – 1971

domingo, 29 de enero de 2017

El mundo


NY by Helen Levitt, 1940.:


Hubo un tiempo en que conocíamos el mundo al dedillo:
era tan pequeño que cabía en el cuenco de unas manos,
tan simple que era posible describirlo con una sonrisa,
tan corriente como el eco de viejas verdades en una oración.
La historia llegó sin trompetas victoriosas:
nos arrojó tierra sucia a los ojos.
Nos esperaban lejanos caminos sin salida,
pozos envenenados, pan amargo.
Nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo:
es tan grande que cabe en el cuenco de unas manos,
tan complejo que es posible describirlo con una sonrisa,
tan extraño como el eco de viejas verdades en una oración.


Wislawa Szymborska
1945, de «Canción Negra»
Traducción de Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewic

sábado, 24 de diciembre de 2016

old new year


(fotos de n. f.) 



cómo me gustaría viajar
y al mismo tiempo
cuánto me gustaría no viajar

no camera is better

y el atardecer en tu mano
es el mismo de aquí

una naranja también se pela
bajo mi ventana

podría tomarme un auto-retrato
de mi sombra enrejada

una silueta
el ojo de un gato

¿no son lo mismo
si nunca me muevo?

ahora el clima ha cambiado
y gotas de lluvia

se desprenden más allá
de las ramas de un espino

como cuando caminas
una mañana
a casa de la yeya.


(Roberto Zeballos Rebaza)


jueves, 15 de diciembre de 2016

Um dia a gente se encontra



En enero
 
el sol de Bahía Blanca
 
podría partir al medio un tractor
 
a las tres de la tarde. 
¿Qué hacías vos 
a la vuelta de casa 
para pasar la siesta? 
Yo me bañaba 
una 
dos 
tres veces. 
Salía al patio 
mojaba la veredita, me tiraba encima 
hacía gárgaras con el chorro de la manguera. 

¿En qué ciudad estarás ahora 
a las tres de la tarde? 
No quiero irme, dije esa mañana 
no sin vos, era la otra parte 
pero tenía que pronunciarse a su debido momento 
Tal vez 
en el brazo del río 
en las estaciones de micro 
o en los baños de luna que nunca tomam
os.



(Florencia Vissani) 
Foto: http://blog.urbanoutfitters.com/blog/nirrimi_hakanson


martes, 6 de diciembre de 2016

Arte y vida


Los hijos de la carne de los hombres
de noche en noche pasan;
lloran y ríen y trabajan, y entonces
de la vista del hombre escapan.
Meditando tamaño destino, la mente
se revuelve con un sentido trágico-
Recorren el camino asignado tan valientes,
se apresuran por lo tanto tan rápido.
Los hijos del cerebro del artista
la mortalidad eluden. Sobre ellos
el Tiempo con su guadaña en vano se agita,
hasta que de las horas ya no quedan ecos.
En muchos corazones, en tantos llanos,
su historia de nuevo abrazan,
mientras, jóvenes o viejos, las manos
del Futuro para saludarlos se alzan.
Como aquí aseguran los oficios de los hombres
su presencia a través de los años,
así debe perdurar de la Memoria el bronce,
con su cúmulo de sonrisas y llantos.
Tales vidas en nuestras vidas pueden ver el sol;
tales camaradas el Arte puede dar.
¿Son solo sombras los hombres? ¿Somos nos
o ellos, quienes viven en realidad?
Art and Life
The children of the flesh of men,
They pass from night to night;
They weep and laugh and labor, then
Are lost to human sight.
Musing on such a fate, the mind
Stirs with a tragic sense-
So brave they walk the stage assigned,
So soon they hurry thence.
The children of the artist’s brain
Elude mortality,
O’er them Time swings his scythe in
vain,
Till time no more shall be.
In many hearts, in many lands,
They live again their tale,
As, young or old, the Future’s hands
Arise to give them hail.
As here the crafts of men assure
Their presence to the years,
So too shall Memory’s bronze endure,
With all their smiles and tears.
Such lives within our lives can be;
Such comrades Art can give.
Are men but shadows? is it we
Or they who truly live?

Trad. Mariano Rolando Andrade
George Sterling, Art and Life, Editor A.M. Robertson, 1920, San Francisco. Traducción y presentación de Mariano Rolando Andrade para ©Buenos Aires Poetry.

domingo, 23 de octubre de 2016

Caja Negra



Aquí estoy, Señor, sobre estas piedras que otros ordenaron
Y que otros destruyeron
Lo más recta que puedo, y aunque muy vieja
Muy erguida
Porque de esta manera enfrento al tiempo y puedo todavía
Decir que alguna vez aquí se alzó tu pueblo, y que en
esta colina
Guardaban a sus muertos para que no abusaras del olvido.





Ya no os visito tías, ni mi cuerpo
Es el pequeño cuerpo que antes era, 
Ni mi voz, ni mis pelos ahora grandes
Acompañan despacio sus andadas
Que la muerte repliega hacia lo oscuro,
Su lenta precisión, el tino, todo
Lo que los elementos formularon.
Ya no, ya no, oh tías entregadas
Al cabo de paseos y oraciones
Y cariñosas formas con el niño
Al olor fatuo de lo inexistente
Que termina, envoltura subterránea, 
Con todo lo vivido y extrañado, 
Con el esfuerzo grande y con la abulia
De los que descansamos largas horas. 




Cuando el corazón está destruido 
Y encima de la pobre cabeza enferma
Los días se desploman como membrillos
Resulta muy hermoso
Y muy agradable
Amanecer cualquier mañana sobre la cama
Completamente desnudo
Suspirando entre los larguísimos brazos de 
             la sabiduría.




Cuando la calvicie, cuando las personas
Me esperen, ya curvo señor, tras la puerta
Y exijan que pague mis deudas, que acepte
Los dientes postizos, la casa estropeada, 
Desvíe a los cielos un ojo, y el otro
Lo entierre en el patio; y el corazón, calmo
Durmiéndose a pocos sobre el vientre inflado, 
Alcance a obsequiártelo, en música envuelto
Para que no arrastre vejez repulsiva
Sin tocar la lira, aunque no me incruste
Como me incrustaba esas tardes frescas
En tus mansos pechos, en tus ojos grandes.







(Alonso Ruiz Rosas, de "Caja Negra", primera edición, con una dedicación del autor, que ayer me compré en un remate).

domingo, 19 de junio de 2016

Lo inesperado




Algunos giros inesperados nos siguen a todas partes.
Buscaba en las compras algo que reemplazara a
lo que sentí alguna vez. ¿No había edificios allí
donde una vez vivimos, totalmente amueblados y
que miraban hacia el mar? ¿No destilábamos de los
vecinos los necesarios códigos y
gestos? En el fondo somos todos errabundo andar,
empujados a llenar el espacio en blanco.
Pero fue aquí, el destartalado Cape Cod
de desgoznados postigos carcomidos    
restaurados después, arreglados y repintados.
Toma solo una fragancia de rocío marino
el traernos al una vez fue: parcamente,
el bikini, la playa, la conversación,
el velo del verano, parcamente el motor
trasegando hacia el amor, y también el manto
del universo. Gracias a este aroma nos
sentamos bajo nuestro cedro preferido,
o nos figuramos la vieja y temida barbería. Quiero
ahora que alguien toque mi mejilla y mi cabello.
Quiero que me quiten la sal con un pañuelo. 


A  Few  Surprising  Turns      Ira Sadoff, 1945.
Imagen:  themystic50.tumblr.com