martes, 6 de diciembre de 2016

Arte y vida


Los hijos de la carne de los hombres
de noche en noche pasan;
lloran y ríen y trabajan, y entonces
de la vista del hombre escapan.
Meditando tamaño destino, la mente
se revuelve con un sentido trágico-
Recorren el camino asignado tan valientes,
se apresuran por lo tanto tan rápido.
Los hijos del cerebro del artista
la mortalidad eluden. Sobre ellos
el Tiempo con su guadaña en vano se agita,
hasta que de las horas ya no quedan ecos.
En muchos corazones, en tantos llanos,
su historia de nuevo abrazan,
mientras, jóvenes o viejos, las manos
del Futuro para saludarlos se alzan.
Como aquí aseguran los oficios de los hombres
su presencia a través de los años,
así debe perdurar de la Memoria el bronce,
con su cúmulo de sonrisas y llantos.
Tales vidas en nuestras vidas pueden ver el sol;
tales camaradas el Arte puede dar.
¿Son solo sombras los hombres? ¿Somos nos
o ellos, quienes viven en realidad?
Art and Life
The children of the flesh of men,
They pass from night to night;
They weep and laugh and labor, then
Are lost to human sight.
Musing on such a fate, the mind
Stirs with a tragic sense-
So brave they walk the stage assigned,
So soon they hurry thence.
The children of the artist’s brain
Elude mortality,
O’er them Time swings his scythe in
vain,
Till time no more shall be.
In many hearts, in many lands,
They live again their tale,
As, young or old, the Future’s hands
Arise to give them hail.
As here the crafts of men assure
Their presence to the years,
So too shall Memory’s bronze endure,
With all their smiles and tears.
Such lives within our lives can be;
Such comrades Art can give.
Are men but shadows? is it we
Or they who truly live?

Trad. Mariano Rolando Andrade
George Sterling, Art and Life, Editor A.M. Robertson, 1920, San Francisco. Traducción y presentación de Mariano Rolando Andrade para ©Buenos Aires Poetry.

domingo, 23 de octubre de 2016

Caja Negra



Aquí estoy, Señor, sobre estas piedras que otros ordenaron
Y que otros destruyeron
Lo más recta que puedo, y aunque muy vieja
Muy erguida
Porque de esta manera enfrento al tiempo y puedo todavía
Decir que alguna vez aquí se alzó tu pueblo, y que en
esta colina
Guardaban a sus muertos para que no abusaras del olvido.





Ya no os visito tías, ni mi cuerpo
Es el pequeño cuerpo que antes era, 
Ni mi voz, ni mis pelos ahora grandes
Acompañan despacio sus andadas
Que la muerte repliega hacia lo oscuro,
Su lenta precisión, el tino, todo
Lo que los elementos formularon.
Ya no, ya no, oh tías entregadas
Al cabo de paseos y oraciones
Y cariñosas formas con el niño
Al olor fatuo de lo inexistente
Que termina, envoltura subterránea, 
Con todo lo vivido y extrañado, 
Con el esfuerzo grande y con la abulia
De los que descansamos largas horas. 




Cuando el corazón está destruido 
Y encima de la pobre cabeza enferma
Los días se desploman como membrillos
Resulta muy hermoso
Y muy agradable
Amanecer cualquier mañana sobre la cama
Completamente desnudo
Suspirando entre los larguísimos brazos de 
             la sabiduría.




Cuando la calvicie, cuando las personas
Me esperen, ya curvo señor, tras la puerta
Y exijan que pague mis deudas, que acepte
Los dientes postizos, la casa estropeada, 
Desvíe a los cielos un ojo, y el otro
Lo entierre en el patio; y el corazón, calmo
Durmiéndose a pocos sobre el vientre inflado, 
Alcance a obsequiártelo, en música envuelto
Para que no arrastre vejez repulsiva
Sin tocar la lira, aunque no me incruste
Como me incrustaba esas tardes frescas
En tus mansos pechos, en tus ojos grandes.







(Alonso Ruiz Rosas, de "Caja Negra", primera edición, con una dedicación del autor, que ayer me compré en un remate).

domingo, 19 de junio de 2016

Lo inesperado




Algunos giros inesperados nos siguen a todas partes.
Buscaba en las compras algo que reemplazara a
lo que sentí alguna vez. ¿No había edificios allí
donde una vez vivimos, totalmente amueblados y
que miraban hacia el mar? ¿No destilábamos de los
vecinos los necesarios códigos y
gestos? En el fondo somos todos errabundo andar,
empujados a llenar el espacio en blanco.
Pero fue aquí, el destartalado Cape Cod
de desgoznados postigos carcomidos    
restaurados después, arreglados y repintados.
Toma solo una fragancia de rocío marino
el traernos al una vez fue: parcamente,
el bikini, la playa, la conversación,
el velo del verano, parcamente el motor
trasegando hacia el amor, y también el manto
del universo. Gracias a este aroma nos
sentamos bajo nuestro cedro preferido,
o nos figuramos la vieja y temida barbería. Quiero
ahora que alguien toque mi mejilla y mi cabello.
Quiero que me quiten la sal con un pañuelo. 


A  Few  Surprising  Turns      Ira Sadoff, 1945.
Imagen:  themystic50.tumblr.com


jueves, 24 de marzo de 2016

Vigilancia



Nuestros temas eran lindos. Manteníamos


nuestra distancia. Preparábamos desapego
en botellas. “Manteníamos nuestra distancia”


es una anécdota. Su nombre


es Anécdota. Nació en el estudio.
Jaulas, botellas. Libros por doquier.


Era nuestra favorita / nos prohibió


que la viéramos. Ella era la musa
para las botellas etiquetadas con “Distancia” 


de las que bebíamos. Que no podíamos


prescindir. Enterramos los resultados;
estaban muertos. No nos fue muy


penoso. Gracias

al desapego. Nuestra hipótesis soportó
una foto. Correctores, broches. 


Oversight (Melissa Ginsburg)

domingo, 20 de marzo de 2016

Geografía



Mi sueño mora cerca de mis pulmones.
A veces lo siento como un lapicero
derramando tinta en el negro bolso
de mi respiración. Mi cuerpo
vive aquí en Colorado,
en un apartamento con algunas plantas.
Soy lo que los expertos denominan
historia, una pequeña totalidad
abriéndose camino hacia el futuro.
Al anochecer, heredo la muerte
como idea, como tema del que seré examinado.
A media tarde, emprendo largas caminatas.
Vivo aislado como el estado vive
aislado dentro de fronteras con las que nada
tiene que ver. También yo tengo un río.
Si quieres, te contaré todo sobre la luz.  


Colorado, Carl Adamshick, 1969
Imagen: Rain. de Deniz Senyesil en Fivehundredpx

domingo, 28 de febrero de 2016

Trombón



Tocaban villancicos en la radio de la cocina, alta
una noche fría, y al entrar en el dormitorio y
desarrugar la alfombra navaja llena de bolsas,
recordé de pronto cómo a las primeras ocho notas de
escuchad, los ángeles mensajeros cantan las sentía yo
vibrando por todo mi cuerpo, aquella primera vez—
Tenía once y era inexperto,
recordaba cuando tenía diez
y un vahído en la iglesia por el dulce amoníaco de las azucenas de Pascua
que invadían mis fosas nasales con fragancia
y también el vacío de aquello—el señor de la danza,
en un arco de agonía, arriba sobre varillas… 


Trombone (Norman Dubie, 1945)

domingo, 7 de febrero de 2016

Hebras



Cuando el amanecer se deslía como un rollo de cinta
Arrojado a través de mi ventana,
Sé que las horas de luz
Están a punto de lanzarse contra mí
Como agujas omnívoras sobre un ocioso paño,
Enhebradas con los densos colores del sol.
Parecen ellas ya demasiado ansiosas,
Para bordar este negocio mío,
Mi Día,
Con los estrictos patrones de un antipendio;
O al menos para confeccionar una prenda útil.
Pero sé que no harán nada parecido.
Van a dar puntadas de hilván
Y cuando hayan terminado
Se verá algo como la frazada de retazos que mi abuela se hizo
Cuando estaba aprendiendo a coser.  


Heavy Threads, Hazel Hall
Imagen: neuromaencer.tumblr.com