viernes, 30 de octubre de 2015

Nómada


En una época de bestias febles, no queda
lugar en las barcas. Con manos cenceñas,

apiñamos ovejas y clavamos cien cañas
en el barro. Las mallas se revuelan lejos tan

frecuentemente ahora, hundiéndose en días
esparcidos con furia sobre pies trasegadores.

Como si empujados en una lengua extraña
a anudar nuestras mangas, nadamos a través

de remos quebrados, alejamos días magros.
Serpientes se anudarán en árboles, y hombres

atacarán el pan, pero el cielo permanece engoznado.
Solo en el paraíso hay suficiencia de aparejos.

Nos preparamos para marchar una y otra vez,
siempre que la esperanza es una costa amarilla.


N o m a d     (Robin Beth Schaer) 

La mano en el arado (Ruy de Moura Belo)

LA MANO EN EL ARADO F eliz aquel que administra sabiamente la tristeza y aprende a repartirla entre los días Pueden pasar los meses y los...