lunes, 31 de agosto de 2015

Ex Machina




Cuando se preguntaba por el amor, el mensaje llegaba
en el pico de un ave de alambre y yeso. La coloratura
resultaba apenas verosímil. Para el vuelo,          

se requería de tres tramoyistas: dos
en las poleas y otro para la flauta. Y uno pensaba
que el ingenio se esparcía como gracia.

Perdida nuestra máquina de nieblas en Correos, improvisamos
con humo. La heroína después de todo muere de tuberculosis.
Remordimiento y el crudo aire de la noche: cualquier tenor creíble

se pondría a toser. Las pasiones –tomo mis indicios
de una fuente obvia– pueda que sean mucho menos meteóricas
de lo que dictan nuestros convencionalismos, pese a que he oído

hablar de tornados que destrozan la segunda mejor cristalería
y dejan intacto todo lo demás.
Hay una certeza mejor que esa que causa la perfecta

consistencia; los griegos sabían de un dios
por el ruido que venía detrás de su descendimiento.
El corazón, triste bomba, protesta al punto que piensas

que está ya corroído sin remedio, no obstante
hay una melodía en estos contrapesos,
la voz articulada de una celebración. 


Ex Machina (LINDA GREGERSON)
Foto: Hans Kruse

lunes, 24 de agosto de 2015

Vestigios



Me gustaría tanto nadar en el Atlántico,
nadar con alguien que comprendía por qué
mi temor de ahogarme no me juega tan sucio

como el de unos huesos trasegando el lecho marino.
Me gustaría sincronizar mi braceo con una amada.
Me gustaría estar en la cubierta de un bote

y lanzarme al mar y decir, sígueme,
y saber que lo harías. El mar está frío
y además es muy hondo, añadiría en broma,

quieto, sujeto al borde de la proa del bote.
Sopla un viento a través del mar,
allegándose suave a los bordes del tiempo.    

Con un perro pataleando detrás de mí,
quiero arrastrarme a través del agua
sin dedicar pensamientos a un futuro.

He puesto la vista en la orilla
y allí te fijo  –estable, enfocada–
pero te dejo cuando, desde abajo,

un llamado destriza la superficie.  



(Vestiges, A. Van Jordan)

domingo, 16 de agosto de 2015

Crepúsculo




Ahora la gran rueda de oscuridad y de nubes bajas rehíla
Se arremolina en los cielos, de sus bordes caen gotas;
Hacia el poniente, contra el muro de blanca luz como hielo,
Árboles esqueléticos se doblan en una corriente de aire.
Hojas, negras hojas y humo, el viento las levanta;
Suben por mi ventana, se arremolinan otra vez;
En un silencio acerado, estrepitosamente cae la
Primera fría gota golpeando una hoja marchita…
¡Fatalidad y crepúsculo para la tierra! Me estiro
Para correr las heladas cortinas y dejar fuera a la oscuridad,
Haciendo una pausa, con la mano alzada,
Para observar, entre negros pórticos de nube en ruinas,
Una estrella, —los pórticos se desmoronan y la aplastan.
¡Aquí, miles de libros! Aquí está la sabiduría
Destilada del polvo, o destilada de la nada;  
Escoge ahora la palabra más densa, la hoja más dorada,
La línea más oscuramente melodiada; pon en alto estos faroles, —
Estos miserables faroles, sabidurías, filosofías, —
Por encima de tus ojos, contra este muro de oscuridad;
Y entonces verás… ¿Qué? Un hilo de araña que cuelga,
Un antepecho cubierto con media pulgada de polvo…
¡Habla, viejo sabio! Ahora, más que nunca, te necesitamos.
Grita fuerte, levanta voces penetrantes como hechiceros
En contra de este ominoso atardecer, este gemido de lluvia…
¡Pero eres nada! Tus páginas se convierten en agua
En mis dedos: frías, frías y relucientes,
Flechiformes en la oscuridad, rizándose, goteando—
Todas las cosas son lluvia… Yo mismo, este cuarto alumbrado,
¿Qué somos sino un murmuroso charco de lluvia?
Sus lentos arpegios, líquidos, sibilantes,
Conmocionan en la oscuridad. Estoy dentro del mundo hundido,
Bajo un techo de lluvia, así como yace la concha del molusco
Bajo el crujiente crepúsculo del mar;
Ningún dios se acuerda de ella, ningún entendimiento
Penetra la luenga oscuridad con una espada de luz.

Twilights, V    (Conrad Aiken, 1899 - 1973)

domingo, 9 de agosto de 2015

Las cosas






C´est en imaginant cette sacoche féminine au milieu des croix, sous le ciel de Sibérie, que je commençai à pressentir l´incroyable destinée de choses. Elles voyagaient, accumulaient sur leur surface banale les époques de notre vie, reliant des instants si éloignés...   



Andreï Makine, Le testament français

(Imagen: dishfunctionaldesigns.blogspot.com) 



domingo, 2 de agosto de 2015

Imposible





No era tu mejilla contra la mía la noche pasada
Gin Luz de la calle Cuando alguien te ama Imposible

Cuando alcanzas la verja rota de la dehesa
el cartel va a decir Imposible

El color con que Dios pintó mis ojos Un cruce
entre tormenta y chorro de ánfora Imposible

Todos tus errados amantes sin sus certificados
de través estampados en sus frentes Imposible 

Querida Antorcha Recibida tu amable invitación
Lamento conflagración Imposible

Debes de referirte a un fantasma Tu mano en su cintura
Tu dolor en su ausencia No la mía Imposible

Un lugar sagrado en la ciudad del emperador
Un durazno dentro de un cuesco Imposible

Tú la máscara de un morueco Yo la máscara de un toro
Astillas de cuerno Mischling Puertas rotas Imposible

Bailar sin huellas Bailar sin ningún nombre
en un cuarto sin amantes sin tocarse Imposible

Tus ojos Uno proyecta los sueños de tu hijo durmiente
Uno alumbrado por la antorcha trata de cerrarse Imposible

   Querido León Aquí hay una gacela Cógela entre
tus dientes pero sin morderla Tuya Imposible.


(45, Suzanne Gardinier)
Imagen: Diane Arbus, A Couple at a Dance, 1960

La mano en el arado (Ruy de Moura Belo)

LA MANO EN EL ARADO F eliz aquel que administra sabiamente la tristeza y aprende a repartirla entre los días Pueden pasar los meses y los...