domingo, 26 de julio de 2015

Sudario




Aquello que urdiste con lo liviano,
lo llevo yo para honrar a la piedra.
Cuando en la oscuridad a los gritos
despierto, alienta sobre ellos.

Pasa, cuando debo tartamudear,
que forma olvidados pliegues,
y el que ahora soy absuelve 
a ese que antes yo fui.

Pero el dios de los escombros
roza su más sordo tambor,
y tan pronto el pliegue se deja,
frunce el tenebroso su ceño. 


Totenhemd (Paul Celan) 
Trad. Roberto Zeballos

sábado, 18 de julio de 2015

Música







Tengo una amiga que aún cree en el más allá.
No es una estúpida, pero con todo lo que sabe, literalmente habla con Dios.
Piensa que alguien escucha en los cielos.
En el mundo por lo común es alguien competente.
También es valiente, capaz de afrontar lo desagradable.
Encontramos una oruga, agonizando en la tierra, las codiciosas hormigas sobre ella.
Siempre me conmuevo por las desgracias, siempre ansiosa de oponerles vitalidad
Pero asimismo soy tímida, pronta a taparme los ojos.
Mientras que mi amiga es capaz de observar, dejar que pasen las cosas
De acuerdo con la naturaleza. Por mí, ella intervino
Esparciendo unas cuantas hormigas de aquella cosa desgarrada, poniéndola
De través sobre el sendero.
Mi amiga dice que yo cierro los ojos a Dios, que no otra es la explicación
De mi aversión por la realidad. Dice que soy como la niña que
Entierra la cabeza en su almohada
A fin de no ver, la niña que se dice a sí misma
Que la luz causa tristeza–
Mi amiga es como la madre. Pacientemente, me urge a
Despertar como una adulta, como ella, una persona valiente–
En mis sueños, mi amiga me reprende. Caminamos juntas
Por el mismo sendero, solo que es ahora invierno;
Me está diciendo que cuando una ama el mundo escucha música celeste:
Mira hacia arriba, dice. Cuando miro, nada.
Solo nubes, nieve, una cosa blanca en los árboles
Como novias saltando a una gran altura–
Entonces temo por ella; la veo
Atrapada en una red arrojada deliberadamente sobre la tierra–
En realidad, estamos sentadas junto al sendero, mirando la puesta del sol;
De rato en rato, un trino perfora el silencio.
Es este instante lo que tratamos de explicar, el hecho
De que estamos en paz con la muerte, con la soledad.
Mi amiga dibuja un círculo en la tierra; dentro de él, la oruga está quieta.
Siempre tratando de fabricar algo total, algo bello, una imagen
Capaz de tener vida fuera de ella.
Estamos muy calladas. Es apacible sentarse aquí, sin hablar. La composición
Se fija, el sendero de pronto se oscurece, el aire se vuelve
Fresco, aquí y allá las rocas relucen, lanzan destellos–
Esta tranquilidad es lo que las dos amamos.

El amor por la forma es un amor por los finales. 


Celestial Music - Poem by Louise Gluck
Imágen: fromupnorth.com

sábado, 4 de julio de 2015

In memoriam, C.N.S.


Cómo esta mujer halló el coraje, cómo consiguió hacerse
del coraje, Henry se entretenía en una frenética caliente
noche del ocho de julio,
¿de dónde provino, dirigió el Señor alguna vez la mirada
sobre su antigua cuna pensando ´Esta va a
compensar antes de morir

por setenta y dos años de menudas indignidades
al menos´, y con su trueno cerró una promesa?
En ese pueblo alejado
quién ojos ponía en mi madre con vergüenza & rabia
de que nadie debería soportar tal clase de peregrinaje,
rezongaba Henry sudando, hecho hombre

pero no hecho a la bondad de esta mujer en
su gran fuerza, su esperanza sobrehumana,
no, no, no hecho, de ninguna forma.
Proclamo un misterio, farfullaba para sí,
de amor, y cogió el bourbon de la repisa
Y tomó por ella uno rebosante, rebosante. 





John Barryman, Dream Song 100
(Trad. Roberto Zeballos)


Ayer, por la noche, llovió...

jueves, 2 de julio de 2015

Reflejo



En la cama desnuda, en la caverna de Platón,
Reflejos de faros se deslizaban lentamente sobre la pared,
Unos carpinteros martilleaban bajo la ventana en sombra,
El viento sacudió durante toda la noche sus cortinas corridas,
Una flota de camiones esforzadamente trepó por la colina, 
Con su cargamento cubierto, como es usual.
El techo se iluminó otra vez, el diagrama inclinado se deslizó
Lento hacia delante.
Escuchando el claqueo del lechero,
Su penoso ascenso por la escalera, el golpear de la botella,
Me levanté de la cama, encendí un cigarrillo,
Y caminé hacia la ventana. La calle empedrada
Exponía la tranquilidad en que descansan los edificios,
La vigilia del farol callejero, la paciencia del caballo. 
El limpio capitel del cielo invernal
Me hizo volver a la cama con los ojos extenuados.

La extrañeza crecía en el aire inmóvil. La floja membrana
Se hizo gris. Carros traqueteantes, cascadas de equinos cascos,
Resonaban a lo lejos, aumentando, más sonoros y cercanos.
Un automóvil tosió al arrancar. La mañana de forma suave
Disolvía el aire, levantaba la silla medio tapada
Desde debajo de las aguas, encendía el espejo,
Distinguía el tocador y la blanca pared.
El pájaro llamaba tentativamente, silbaba, llamaba,
Parloteaba y silbaba, ¡así! Perplejo, aún húmedo
De sueño, afectuoso, hambriento y frío. Así, así,
Oh hijo de hombre, la noche que no sabe, el ajetreo
De temprano por la mañana, el misterio de comenzar
Una vez y otra,
Mientras la historia queda sin perdonar.  



(Delmore Schwartz)

Foto: art.collegefaubert.fr

La mano en el arado (Ruy de Moura Belo)

LA MANO EN EL ARADO F eliz aquel que administra sabiamente la tristeza y aprende a repartirla entre los días Pueden pasar los meses y los...