miércoles, 20 de julio de 2011

El ruido de las cosas al caer (JG Vásquez)

Siempre me he resistido (a veces infructuosamente) a la adquisición de novedades, pero en este caso al buen nombre del autor se unían comentarios positivos sobre el libro de parte de personas cuya opinión valoro, por lo que, desde semanas atrás, estuve esperando ver el libro en las estanterías de las tiendas locales.

No me siento defraudado. Esta es una buena novela, interesante, elaborada sin excesos. La narración no se detiene innecesariamente en algún personaje, descripción o idea. Los artificios que utiliza el autor para conducirnos por los recovecos de la trama, pasan desapercibidos. Lo que interesa es saber y comprender más, y la lectura avanza de manera vertiginosa. Rápidamente nos hacemos una idea de cada personaje y de sus particulares tragedias. Los diversos elementos que impulsan el desarrollo de las acciones (motivaciones personales, situaciones familiares, circunstancias políticas o sociales, etc.) van revelándose con meridiana claridad y terminan por proponer un cuadro explicativo del origen de un fenómeno que afecta a toda una nación, a través de una historia personal.



Pero se podría añadir que la claridad se debe también a que se han evitado muchos riesgos; el autor puede no demorarse en explicaciones cuando éstas resultan ser harto conocidas: la ambición que mueve al joven Ricardo Laverde, por ejemplo, es arquetípica. Se hace uso de una clásica forma de crisis sexual en el matrimonio para graficar una diferencia generacional entre el protagonista y su joven pareja. ¿Es necesario que los personajes de un libro sean profundos y complejos para que la historia cobre valor? En el presente caso, la habilidad del autor para referirse a una trama muy interesante, enlazando distintos momentos del pasado de su país (los años ´40, los años ´70, a los que pertenece la juventud de Laverde y Elaine Fritts, los años '80 del recrudecimiento de la violencia narcoterrorista) con el presente, resulta suficiente para hacer atractiva la lectura del libro.

Es la mano del autor lo que cuenta. Todo está muy bien dosificado, el uso de las estratagemas literarias para contar el pasado y para dejar en el misterio lo que no se puede saber; las aclaraciones sobre la geografía y la mentalidad de la gente en las regiones donde transcurren las acciones son pertinentes y justas; así como la recurencia a la imagen del vuelo y la caída; inclusive los guiños y homenajes no estorban la lectura. En lo personal, puedo decir que si bien no sé si alguna vez volveré a tomar este volumen en mis manos para una relectura, en esta primera no pude soltar el libro desde que lo empecé hasta terminarlo.

domingo, 17 de julio de 2011

Case Histories (Kate Atkinson)




Tres casos policiales no resueltos son la materia prima de este relato. Dos han ocurrido en la década del ´70 y el tercero en los años ´90. El lugar es la ciudad universitaria de Cambridge. El encargado de encontrar las respuestas, en el presente, es el investigador privado (ex-militar y ex-policía) Jackson Brodie. Cada uno de estos casos involucra a personajes muy diferentes y que provienen de entornos muy peculiares, que tienen poco que ver con la vida académica de la ciudad. De hecho, se enfatiza que Cambridge encierra mucho de pobreza y violencia, en contraste con la sosegada y bien financiada actividad universitaria por la que es conocida y visitada aquella ciudad.

El libro se sostiene precisamente gracias a la aparente desconexión de las tres situaciones iniciales y a la intriga que despierta, en el lector, el misterioso pasado y el lado oculto de la vida personal de cada una de las víctimas y sobrevivientes de los crimenes, no resueltos hace tanto tiempo atrás. Un detalle que ayuda a no abandonar el libro es que la narración no se centra únicamente en Brodie y sus indagaciones (como sucede en los libros del inspector Wallander, por poner un caso, siendo así que este último resulta un personaje mucho más atrayente o interesate que aquel), sino que se expone fragmentariamente desde la perspectiva de cada uno de sus protagonistas, pasando hábilmente del pasado al presente, en cada caso.

A medida que avanza el libro y que los misterios se van aclarando (unificados por las pesquisas del inspector), sin embargo, la trama pierde su interés inicial y la curiosidad del lector se ve lentamente neutralizada por la manera tan tosca con que la autora trata a unos personajes que prometían mucho al inicio. Amelia Land y Theo son el ejemplo más claro de esto. Hacia el final, las acciones se precipitan en un descenlace poco intersante y muy enfático respecto de la intención de mostrar las consecuencias funestas del particular tipo de violencia que es el denominador común de las tres historias antes mencionadas.

Pese a que por momentos se extingue totalmente el encanto propio de una narración, hay que decir que la acción, en las dos terceras partes del libro, está bien dosificada y consigue encandilar. No tiene pierde, por otro lado, la manera ácida e irónica con que la narradora describe la mentalidad actual de quienes habitan lo que llamaríamos una sociedad del "primer mundo" y pone en cuestionamiento ciertas ideas y prácticas que en ella se consideran como normales y sanas, y que no encierran más que una ausencia escandalosa de humanidad.

jueves, 7 de julio de 2011

Sobre "Los pasos perdidos" (Carpentier)




Años atrás, no sé para qué, escribí las líneas que transcribo sobre esta obra del escritor cubano Alejo Carpetier:








Esta obra, a mi entender, consiste en el complejo y exuberante desarrollo de una idea y todo en ella está al servicio de la plasmación de dicha idea, los personajes y las situaciones puestos al servicio de su representación progresiva a lo largo del texto.

Lo que, me parece, le interesaba al autor es la construcción de la noción de que en el Nuevo Mundo persisten formas de vida que en el Viejo Continente pertenecen completamente al pasado y son incomprensibles a sus habitantes, quienes viven inmersos en la civilización de la máquina y en la vida deshumanizante de las grandes ciudades, lo cual incluye a artistas e intelectuales presuntamente anti-burgueses; por el contrario, al avanzar en su viaje, el protagonista de la novela asiste a una experiencia que sólo es posible en el Nuevo Mundo, la experiencia única de vivir en carne propia (y en su propia alma, sobretodo) unas formas de existencia propias de siglos anteriores, en las que el hombre tenía la libertad y la necesidad de afrontar su propio y trágico destino de ser mortal, a lo que la vida moderna le ha sustraído para condenarlo a una existencia anodina y vacía.

Todo en la novela tiende a ser expresión de esta tesis, incluso el ritmo trepidante y los personajes arquetípicos, y las mismas relaciones entre ellos. Esto puede verse como un defecto esencial, puesto que la tesis de Carpentier puede finalmente considerarse otra “utopía” más, una representación meramente ideal de América, aunque él se cuide de demostrar que todo se asienta en experiencias reales, pero yo creo que a la larga lo que importa es que Carpentier jugó sus cartas en este sentido y consiguió una novela exquisita, exuberante, amena y emotiva… y una lección de castellano, más allá de que su tesis fuera o no verdadera

domingo, 3 de julio de 2011

The Puttermesser Papers (Cynthia Ozick)




Con el falso subtítulo de "A Novel", este libro reúne cinco relatos breves, anteriormente publicados por separado en revistas norteamericanas, que tienen por protagonista común a Ruth Puttermesser: abogada, judía, racionalista, feminista (sin ser fanática) y servidora pública de la municipalidad de Nueva York; soltera, citadina, glotona, lectora de libros de historia, estudiosa del judaísmo y admiradora de la vida y obra de George Eliot.




Pero esta sucesión de calificativos resulta inconclusa, insuficiente; guidos por la mano maestra de la autora, vamos conociendo mejor a Ruth Puttermesser a través de las situaciones perversas e hilarantes que plantea cada relato. Descubrimos en Puttermesser, pese a su natural escepticismo, a un alma idealista, que no está a gusto en esta época de mediocridad, interés propio y cinismo; ella aspira a reformar la adminstración pública en bien del interés común, a la unión espiritual con un alma gemela, a reencontrarse con el legado de sus antepasados europeos.



Pero su ciudad de Nueva York, de la que nunca se mueve, no le ofrece sino oportunidades de comprobar que ella vive, como el filósofo, mirando las estrellas y con seguras probabilidades de caerse dentro de un pozo. Sus aficiones intelectuales la inclinan hacia los ideales del racionalismo decimonónico o de un judaísmo humanista, que no calzan en un medio en el que pululan simples falsificadores, mentes pseudointelectuales o supersticiosas y funcionarios arribistas.



Un volumen de escritura brillante e inteligente; exigente, breve y cáustica, propia de una escritora culta y perspicaz, que hace de la existencia solitaria y triste de una mujer anacrónica y achacosa la materia literaria de unos relatos entretenidos y aleccionadores.



Más información sobre Cynthia Ozick y otras obras suyas en este blog.




El relato que más me gustó: Puttermesser and the Muscovite Cousin.