miércoles, 13 de abril de 2011

Poema pasajero

Cayó en mis manos un librito de poemas y me dejó en recuerdo éste:







Esa increíble infinitud del orbe


no codicio ni un mínimo pedazo


mas si el espacio de tu breve cuerpo


donde ponerme al fin a buen recaudo,


en el profundo de tus mil entrañas,


que enteras conservaste para mí.


Al diablo el albedrío de la vida,


sumo don de los hados celestiales,


y nada más que estar en ti prefiero


sujeto a tu carnal y firme lazo,


que si vas a las últimas estrellas


contigo ir paso a paso yo también.


Es así el vivir día y noche siempre


bien atado a ti con el carnal nudo,


aunque en verdad del todo libremente,


pues de la tierra al cielo voy y vengo.




(C. G. Belli: Nudo, 1986)

domingo, 10 de abril de 2011

The Edge


Mi ejemplar, algo ajado, de Netherland de Joseph O´Neill, viene con un pequeño anexo de entrevistas y comentarios. En una sección de este anexo, que lleva por encabezado A Writer´s Life, se encuentra la siguiente pregunta y su respuesta por parte del autor:



Which living writer do you most admire?


John Updike. It´s not that I love (or even read) everything he writes, but rather that he´s fearless about following his imaginative impulses into artistically risky and socially disgraceful territory. Philip Roth has the same courage. Of course, John Updike has the edge in the matter of sentences.


Un poco picado por aquello de que Updike tiene una ventaja sobre Roth para la construcción de las frases, me puse a buscar por mi casa algo que leer del primero y me encontré con un ejemplar de The Best American Short Stories del año 1962, que se cierra precisamente con un cuento de Updike. Este librito lo he visto desde las épocas en que vivían mis abuelos y, si mal no recuerdo, le pertenecía a uno de ellos, puesto que lo tenían guardado en su casa, junto con otros libros y revistas, en un pequeño mueble, cubierto con una cortinilla de tela, dentro de una especie de trastero. Creo que, de todas las personas que frecuenteban aquella casa, el único que gustaba de hurgar entre aquella colección de origen desconocido, era yo. Quizá sea por eso que, con el correr del tiempo, aquel desvencijado ejemplar del año 62, que no había vuelto a ver desde que era un crío, ha terminado ahora en mis manos...


Finalmente la historia me atrajo más por la trama (que tiene que ver con la percepción de un adolescente de la religión que se practica en su entorno) que por el estilo. Sin embargo, no se puede negar que Joseph O´Neill lleva razón en cuanto a la maestría de Updike, como puede apreciarse de las prímeras líneas del mencionado cuento, que arriba he colocado.

La mano en el arado (Ruy de Moura Belo)

LA MANO EN EL ARADO F eliz aquel que administra sabiamente la tristeza y aprende a repartirla entre los días Pueden pasar los meses y los...